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Rezando con los Refugiados: el espíritu del acompañamiento
01 diciembre 2011

Michael Gallagher SJ y sus jóvenes 'escoltas' recorren el campamento de refugiados de Kiziba en el este de Ruanda. (Servicio Jesuita a Refugiados
Ginebra, 1 de diciembre de 2011 — Los miembros del equipo de la oficina internacional del Servicio Jesuita a Refugiados, especialmente aquellos de nosotros que no viajamos a terreno con regularidad, no tenemos las relaciones "normales" con los desplazados forzosos que mantiene otro personal del JRS.

Mientras que la mayoría de la gente del JRS está en un lugar sirviendo a una población específica — algunos a veces durante un largo período de tiempo —, quienes estamos en la oficina internacional lo hacemos por un tiempo muy breve. Normalmente, nos centramos en temas internos del JRS, como formación de los voluntarios locales o fomentando las relaciones entre el JRS, la iglesia local y las organizaciones intergubernamentales. Esto hace que me pregunte ¿cómo debo acompañar a los desplazados forzosos?

Michael Gallagher SJ

Tu reflexión
Me vienen a la mente dos imágenes. La primera fue en algún lugar del este del Chad. El equipo del JRS subimos a un camión y nos llevaron a un lugar donde nos encontramos con otras organizaciones no gubernamentales, cada una en su propio vehículo. Dos vehículos que llevaban hombres armados del Departamento Integrado de Seguridad se unieron a nosotros, uno se puso delante del grupo, el otro al final. Y así fuimos hasta el campamento de refugiados. Yo estaba "escoltado".

La segunda imagen es del campamento de refugiados de Kiziba, en el este de Ruanda. Estaba paseando por el campamento para ver los trabajos del JRS junto al director del proyecto. Un muchacho muy joven, de tres o cuatro años, vino y puso su dedo en mi mano izquierda y empezó a caminar conmigo. Inmediatamente, una niña de su misma edad vino y puso su dedo en mi mano derecha. Caminamos por todo el campamento mirando las escuelas del JRS y otros trabajos. Yo estaba acompañado.

La misión del JRS es acompañar, servir y defender la causa de los desplazados forzosos. El acompañamiento, así lo he aprendido, tiene una naturaleza recíproca. No se puede hacer solo y no puede hacerse de forma unilateral.

Los dos niños con los que caminé habían nacido, sin duda, en el campamento de Kiziba. Nunca habían estado en la República Democrática del Congo, de donde huyeron sus padres. Kiziba era su hogar. Ellos no se sentían desplazados allí. Los dos granujillas me acompañaron por todo el campamento y yo los acompañé a ellos. Ninguno de los tres estaba pensando en "hacer por" sino en "estar con". Confiábamos los unos en los otros con nuestro tiempo y nuestra presencia.

En su inocencia muda, con el simple gesto de coger la mano de alguien a quien no conocían, estos dos nativos del campamento se convirtieron en una personificación de las palabras de Jesús en Mt. 25:35: "Fui… extranjero y me acogisteis."



Suggested Reading for Prayer
Mateo 25: 31-40

Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria rodeado de todos los ángeles, se sentará en su trono glorioso. Todas las naciones serán reunidas en su presencia, y él separará a unos de otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos, y pondrá a aquellas a su derecha y a estos a su izquierda.

Entonces el Rey dirá a los que tenga a su derecha: "Vengan, benditos de mi Padre, y reciban en herencia el Reino que les fue preparado desde el comienzo del mundo, porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; estaba de paso, y me alojaron; desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; preso, y me vinieron a ver".

Los justos le responderán: "Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; sediento, y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos de paso, y te alojamos; desnudo, y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o preso, y fuimos a verte?".

Y el Rey les responderá: "Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo".